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06 de febrer 2020

Tres temporals en només nou mesos fan saltar les alarmes


El temporal Glòria que va afectar la costa Mediterrània el mes de gener de 2020 va suposar una pèrdua de recursos i un risc per a les poblacions que van rebre'l sense esperar-se'l. A més, va fer sonar les alarmes dels meteoròlegs d'arreu d'Espanya, al ser el tercer temporal que es produia d'aquesta magnitud en els últims nou mesos. Tot i destacar la intriga que desperta que aquestes grans pluges s'hagin produït de manera sobtada en un període tan curt de temps, els experts no es posen d'acord a l'hora de decidir què origina aquests incidents meteorològics sense previ avís.
La majoria però, creuen que és possible atribuir a la mà de l'home, al seu impacte, aquests esdeveniments. Coinicideixen en el fet que els diferents escenaris que se'ns presenten són fruit del canvi climàtic, que ens avisa de fenòmens adversos cada cop més freqüents i intensos. Proposen doncs, que s'estudiï la freqüència que tindran aquests esdeveniments en els pròxims anys i que s'hi posin mesures de gestió ambiental per intentar evitar que Espanya es converteixi en un país amb clima tropical i que els ecosistemes col·lapsin.



Temporales
Les onades piquen el fromigó de la platja del Bogatell de Barcelona


La borrasca Gloria, que dejó 13 muertos, cuatro desaparecidos y daños multimillonarios, ha batido casi todos los récords meteorológicos posibles. Llueve sobre mojado. Echando la vista atrás, en los últimos nueve meses el área mediterránea ha sufrido tres temporales calificados de "históricos" por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que subraya que "cada uno de ellos por separado fue sin precedentes", de modo que la suma de los tres en un periodo tan corto ha disparado las alarmas. Los meteorólogos se preguntan si el padre de estos tres demonios es el cambio climático y si la acumulación de fenómenos más virulentos que nunca y fuera de temporada es casual o debemos asumir que estamos ante una "nueva normalidad", en palabras del experto Ángel Rivera, con 40 años de experiencia como jefe de predicción primero y como portavoz de Aemet después.


La agencia constata que el Mediterráneo español sufre, desde hace varios años, "temporales sin precedentes" y pone el punto de inflexión en las nevadas de enero de 2017, a las que siguieron el récord estival de descargas eléctricas de 2018 y la riada de Sant Llorenç (Mallorca) con 13 muertos de octubre de ese mismo año. Sin embargo, "a partir de 2019, la frecuencia e intensidad de estos fenómenos parece haberse disparado", subraya. El primero de esta cadena de fenómenos fue el temporal de Semana Santa en el sureste: "llovió, en tan solo cinco días, cinco veces más de lo que suele llover en todo un mes de abril típico y el doble de lo que suele llover en una primavera estándar".


Cinco meses más tarde, se produjo la Dana de septiembre de 2019, que supuso la muerte de siete personas como consecuencia de las lluvias torrenciales. "Fue el episodio de precipitación más importante en Murcia de al menos los últimos 50 años y en la comarca alicantina de La Vega Baja al menos desde 1879, con un 39% más de precipitación que el siguiente en volumen".

Y cuatro meses después, llegaron Gloria y el superanticiclón de las islas británicas, que batieron el récord de nevadas (86 centímetros en la localidad castellonense de Vilafranca), de altura de olas (14,2 metros), de lluvia caída en 24 horas en enero (siete estaciones acumularon más de 300 litros por metro cuadrado, con 433 en la localidad valenciana de Barx, el cuádruple de lo normal para todo un mes de enero) y de número de rayos (3.035 en la Comunidad Valenciana).


"Este tipo de temporales mediterráneos forman parte esencial del clima del Levante, Cataluña y el sur de Andalucía", reconoce Rubén del Campo, portavoz de Aemet, pero añade que se están observando peculiaridades inquietantes. "Cada vez son más frecuentes, más violentos y se producen fuera de temporada", coinciden Rubén del Campo y Ángel Rivera. A ambos expertos les llama mucho la atención que Gloria haya sucedido en pleno mes de enero y que las lluvias de Semana Santa de 2019 fueran en primavera. "Son temporales más propios de otoño por la cantidad de lluvia y por el componente tormentoso, esto hace 15 años no pasaba", advierte Rivera. "Cada uno de los temporales es excepcional a su manera y si se juntan tres en nueve meses es excepcionalmente excepcional", añade Del Campo.

¿Quiere esto decir que temporales así de intensos se van a repetir cada cuatro o cinco meses? El veterano meteorólogo Francisco Martín, coordinador de la revista RAM Meteorología y que trabajó 36 años en la Aemet, tranquiliza al contestar que cree no. "Los fenómenos extremos tienen una gran variabilidad y mucha incertidumbre. Lo que nos está diciendo la atmósfera es que estamos entrando en un ciclo donde hay cierto grado de inestabilidad que no había antes, lo que no significa ni mucho menos que nos tengamos que someter cada pocos meses a lluvias intensas. Los datos climatológicos de fenómenos extremos hay que leerlos con mucho cuidado", advierte. El portavoz de Aemet añade que "no se puede afirmar nada concluyente", ya que se desconoce si esa acumulación de fenómenos es "un hecho puntual" o va a seguir ocurriendo.

¿Son atribuibles a la mano del hombre? Según Del Campo, lo ocurrido estos últimos años es "coherente con lo que pintan los distintos escenarios de cambio climático, que avisan de fenómenos adversos cada vez más frecuentes e intensos", así como de su alternancia con periodos de sequía más fuertes —el invierno pasado fue de muy seco a extremadamente seco en las distintas zonas del área mediterránea—. Pero, a renglón seguido, subraya que para "asignar las responsabilidades al cambio climático" se requiere "un estudio más complejo y extenso de atribución". En problema es que en España, salvo en contadas ocasiones como la tempranera ola de calor de junio de 2019, no hay capacidad para llevar a cabo análisis de este tipo, en los que se ponen a correr modelos climáticos y se analiza la probabilidad de que esto hubiera ocurrido con o sin los niveles actuales de C02.

Francisco Martín -que subraya que es indudable que el clima es más cálido y que el Mediterráneo está más caliente, lo que da combustible a los fenómenos- compara la situación "con un puzle de teselas, donde ves que en una zona aparece la C, en otra la A, y se puede leer camb clim, pero el mosaico tiene aún muchas lagunas". "Todo parece indicar que detrás de estas tendencias hay un culpable, pero hay que estudiarlo", concluye.

Ángel Rivera apunta que hay varios grupos de investigación como el de la Facultad de Físicas de la Complutense, el de la Universidad de Castilla-La Mancha y el de Vigo, pero disponen de escasos recursos. El meteorólogo cree es un" asunto prioritario" y que "España debe hacer un mayor esfuerzo investigador", por lo que reclama a los ministerios de Transición Ecológica, de Ciencia y de Universidades que pongan en marcha un plan de acción, en el que coordinen y lideren a un equipo compuesto por universitarios y expertos de Aemet para investigar "las causas dinámicas profundas" de estos temporales y dar respuesta a estas cuestiones más allá de las impresiones personales.

"Para que se produzcan este tipo de fenómenos tan violentos tiene que haber un buen mecanismo que los alimente y el mejor es el aire cálido y húmero, el de tipo subtropical", explica Rivera, que tiene la impresión de que cada vez remonta más al norte y afecta más a la Península y Baleares. "España, que tenía un clima de latitudes medias, está yendo a otro subtropical cuanto menos, cuando no tropical", afirma, para planear "entre interrogaciones" la hipótesis de que estos temporales extraordinarios pueden haberse convertido en "una nueva normalidad". "Pero lo que en principio es una percepción se tiene que demostrar científicamente, porque si este es el camino que va a tomar la atmósfera, esto condiciona la respuesta que hay que dar desde el punto de vista ambiental, de protección civil, económico y urbanístico. No se puede manejar una nueva situación con conceptos de los años sesenta o setenta", advierte.




30 d’octubre 2019

Somalilàndia, una bomba de rellotgeria climàtica

Durant els últims 30 anys, Somalilàndia, un país que viu de la seva producció agrícola, ha estat testimoni de l'increment continu de les temperatures, que anaven augmentat al voltant d'un grau cada any. Això ha produït que s'hagi arribat a enregistrar una temperatura de fins 34ºC. Aquest fet, juntament amb el de que no s'han produït les temporades de pluges programades pels últims deu anys,  ha causat una gran sequera que ha deixat el territori de Somalilàndia àrid, i impossible de col·lectar.  
Tots aquests efectes han suposat un risc per a la població, de gairebé 4 milions d'habitants, i una pèrdua de recursos molt gran, que ha obligat a gran part de la població a migrar.
S'han proposat mesures preventives com crear camps resistents a sequeres o conrear plantes que no necessitin tanta aigua, però encara no s'han dut a terme. Mentrestant, diverses ONG'S han creat un campament en el que treballen per ajudar els habitants de Somalilàndia, intentant que el seu retorn a casa es produeixi el més aviat possible.

Somalilàndia sota els efectes d'una gran seuqera




Más calor  y más sequedad 

Los estudios realizados por el Centro de Riesgos Climáticos de Santa Bárbara (perteneciente a la Universidad de California) para la Fundación Thomson Reuters han concluido que en Somalilandia la media de las temperaturas máximas diarias ha aumentado alrededor de un grado en los últimos 30 años, hasta alcanzar los 34 grados centígrados.

Al mismo tiempo se ha producido un notable aumento del número de estaciones secas: en 20 años, la temporada de lluvias de marzo a mayo solo ha sido buena en tres ocasiones. Este hecho ha sido perjudicial para las cosechas y los rebaños de cabras, camellos, ovejas y vacas que constituyen el pilar de la economía somalilandesa. Faisal Ali Sheij, director de la Autoridad para la Prevención de Desastres Nacionales y las Reservas Alimentarias de Somalilandia, considera que los problemas a los que se enfrenta su país son mayores que los de otros, debido en parte a la pobreza y a las deficientes infraestructuras, con escasos medios de transporte y pocas carreteras. Los datos del Gobierno calculan el PIB de la república en 646 dólares por habitante, lo que la sitúa entre los 10 países más pobres del mundo, según cifras del Banco Mundial. El Gobierno calcula que el 50% de la población urbana y el 64% de la rural son pobres.

En Somalilandia la media de las temperaturas máximas diarias ha aumentado alrededor de un grado en los últimos 30 años, hasta alcanzar los 34 grados centígrados.
A todas estas complicaciones se añade la situación legal de la Somalilandia islámica. El país se separó de Somalia en 1991 y desde entonces ha funcionado de manera autónoma, en gran medida sin el terrorismo ni la violencia que asolan algunas regiones somalíes. Pero el autoproclamado Estado no está reconocido como país, lo cual lo excluye de las ayudas directas y los créditos de la mayoría de las instituciones mundiales. "Somos diferentes de otros países... Tenemos muchas más dificultades", afirma Sheij en una entrevista en su despacho de Hargeisa, una ciudad polvorienta de alrededor de un millón de habitantes en la que pocas calles están asfaltadas y ninguna tiene nombre.  "No tenemos ríos ni depósitos de agua. En toda Somalilandia, la vida depende del agua de la lluvia... y no podemos conseguir préstamos de otros países".


Una mujer recoge semillas resistentes a la sequía e inmunes a las enfermedades en el banco de semillas organizado por Havoyoco en Galoley, Somalilandia
Reserves d'aliments


Una crisis duradera

El cambio climático ha complicado la crisis de larga duración que sufren Somalia y Somalilandia, que ocupa aproximadamente el 30% de su territorio al noroeste. Las circunstancias excepcionales convierten esta situación de emergencia en una de las más complejas del mundo. Tras 20 años de guerra civil en Somalia, en 2011 la hambruna se extendió por el país y por gran parte del este de África, cobrándose 260.000 vidas. Las fotografías de los niños demacrados conmovieron al mundo; 13 millones de personas sufrían hambre y muchas abandonaron sus hogares durante una brutal sequía.

Cuando, al cabo de cinco años, aparecieron indicios de la llegada del fenómeno El Niño que presagiaban una sequía similar, las organizaciones humanitarias se pusieron manos a la obra rápidamente y evitaron que se repitiesen la hambruna y la pérdida de vidas a gran escala durante las sequías de 2016 y 2017. Sin embargo, la crisis mató al 89% del ganado de Somalilandia, que constituye el principal producto de exportación del país y la base de su economía pública. Mientras la población luchaba por recuperarse, en mayo de 2018 el país fue azotado por el ciclón tropical Sagar, el más potente de los registrados que ha tocado tierra en esa parte del mundo, lo cual obligó a miles de personas más a abandonar sus hogares.

Los somalilandeses tenían grandes esperanzas de que este año les diese un respiro, pero, una vez más, la estación de lluvias de marzo a mayo, conocida como el Gu', no ha hecho acto de presencia, lo cual ha puesto al país al borde de la catástrofe. "Ya no hay prácticamente ninguna probabilidad de que en Somalilandia se produzcan precipitaciones (desde julio) hasta este octubre o principios de noviembre", pronostica Chris Funk, director de investigación del Centro de Riesgos Climáticos con sede en Estados Unidos. "Allá donde se mire, la situación es realmente sombría". Según el experto, Somalilandia es especialmente vulnerable a las amenazas climáticas porque fue una de las pocas regiones que sufrió sequías tanto durante la oscilación de El Niño como de La Niña, que representan el patrón dominante de las variaciones climáticas a gran escala en el trópico.

La regularidad cada vez mayor de las sequías tiene que ver también con el calentamiento de los océanos Índico y Pacífico debido al cambio climático, lo cual ha aumentado las lluvias sobre los océanos y reducido las que caen en el este de África oriental, explica.  "Parece que el aumento de la frecuencia de las sequías se va a mantener en el tiempo, así que seguramente será la nueva normalidad", prevé Funk. Todo indica que Somalilandia "se está volviendo más seca y calurosa".
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